(+)

 

Dionis Escorsa  

Dead Skin
Piel Muerta

 

 

Behind every living man there are thirty ghosts.
Arthur C. Clarke and Stanley Kubrick, 2001: A Space Odyssey

Light always arrives late, and what we see is merely the trace of something that has already happened. Thus, there are stars whose brightness will never reach us, suspended beyond our horizon, like extinguished promises. It is in this discrepancy that perception becomes unstable, as happens to astronaut Dave Bowman in 2001: A Space Odyssey, when, upon passing through the monolith, he embarks on a journey of perceptual decomposition: flashes, surfaces, nameless depths. It is no longer a matter of displacement in space, but of a transformation of perception itself. Jupiter is left behind; what follows belongs not to any recognizable geography, but to the experience of the limitless.

The monolith orbiting Jupiter in Kubrick's film is presented as a threshold, an opening to infinity. However, Bowman's journey doesn't culminate in vastness, but in a disturbingly familiar scene: a room with a domestic, artificial, almost theatrical appearance. Bowman's capsule becomes a dwelling; the cosmos, an interior. In this kind of cosmic cage, time fractures: bodies age in leaps, moments overlap, continuity breaks. Infinity, far from expanding, remains contained within an architecture where the strange takes the form of the recognizable.

Antonella Medici.

 

Detrás de cada hombre vivo hay treinta fantasmas
Arthur C. Clarke y Stanley Kubrick, 2001: Odisea en el Espacio

La luz llega siempre tarde, y lo que vemos no es sino el rastro de algo que ya ha sucedido. Existen, así, estrellas cuya claridad nunca nos alcanzará, suspendidas más allá de nuestro horizonte, como promesas extinguidas. En este desfase la percepción se vuelve inestable, como le sucede al astronauta Dave Bowman en 2001: Odisea en el espacio, cuando al atravesar el monolito se adentra en un viaje de descomposición perceptiva: destellos, superficies, profundidades sin nombre. Ya no se trata de un desplazamiento en el espacio, sino de una transformación de la percepción misma. Júpiter queda atrás; lo que sigue no pertenece a ninguna geografía reconocible, sino a la experiencia de lo ilimitado.

El monolito que orbita alrededor de Júpiter en el film de Kubrick se presenta como umbral, como una apertura hacia lo infinito. Sin embargo, el viaje de Bowman no culmina en la vastedad, sino en una escena inquietantemente familiar: una habitación de apariencia doméstica, artificiosa, casi escenográfica. La cápsula de Bowman deviene estancia; el cosmos, interior. En esa especie de jaula cósmica el tiempo se fractura: los cuerpos envejecen a saltos, los instantes se superponen, la continuidad se quiebra. Lo infinito, lejos de expandirse, queda contenido en una arquitectura donde lo extraño adopta la forma de lo reconocible.

Antonella Medici.

 

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

Dionis Escorsa

 

2026 · Watercolors on paper · Variable dimensions

Seen at:
Slow Light · Curated by Antonella Medici · CCCA Sant Boi · Barcelona · 2026